Peñarol le aguó la fiesta al campeón y arrancó su temporada 40 con un triunfo a prueba de nervios
El equipo de Ramella venció 62-57 a Gimnasia de Comodoro Rivadavia en el Polideportivo Islas Malvinas, con Pérez Tapia como figura y un cierre sostenido desde la defensa.

Otra vez el viento sopla a favor de Peñarol en Mar del Plata, aunque esta vez lo que sopló fue la defensa en el momento justo. Con un 62-57 sobre Gimnasia de Comodoro Rivadavia, el equipo de Leandro Ramella le dio arranque a su campaña número 40 ininterrumpida en la Liga Nacional y, de paso, le sacó el saludo inicial al campeón defensor.
El encuentro no fue una belleza: fue un tramitiyo, de esos que se ganan con la mandíbula apretada y la camiseta empapada de sudor. El local construyó la diferencia en el tercer cuarto con un parcial de 14-6 que le permitió llegar al último descanso 44-35 arriba, y después se aferró al resultado cuando el conjunto patagónico intentó reaccionar.
Los nombres de la noche
- Agustín Pérez Tapia, el dueño del goleo: 16 puntos y 4 rebotes, siempre bien ubicado en los momentos calientes.
- Andrés Jaime, el eléctrico: 12 puntos, 8 asistencias y un triple clave cuando el equipo llevaba 1 de 19 desde el perímetro.
- Iván Basualdo, el que selló el juego: dos libres certeros en el cierre para apagar el intento de remontada visitante.
El triple de Jaime, a falta de cuatro minutos, fue un suspiro enorme: rompió la sequía y dejó el tablero 55-49. Después Gimnasia se acercó a tres, pero Peñarol ya tenía la experiencia de cuarenta ligas en el lomo y no la regaló. Esa misma experiencia fue la que le permitió, incluso con un primer tiempo flojo (30-29 abajo en el arranque del tercer período), llegar al entretiempo otra vez en ventaja y aguantar hasta el final.
La fecha también se abrió en Junín y Corrientes
Porque el torneo no esperó a nadie. Argentino de Junín festejó en casa con un sólido 79-68 sobre Ferro Carril Oeste, mientras que Instituto comenzó su gira por Corrientes con una sonrisa: 81-73 sobre San Martín, con Xavier Carreras como máximo anotador con 19 puntos. Tres partidos, tres victorias locales. La Liga Nacional volvió y, como siempre, arrancó con el ADN que la distingue: defensa, sacrificio y poco margen para los equipos que se duermen.
Lo más rescatable del debut de Peñarol, más allá del resultado, fue la paciencia. Sabía que el triple no entraría y no se desesperó: apostó a que la diferencia construida en el tercer cuarto le alcanzara para cruzar la meta. Para los próximos partidos, esa solidez defensiva en los cierres será la llave. La que viene será contra San Lorenzo, en condición de visitante, y el equipo de Ramella ya sabe que no puede confiarse: cuando el aro se cierra, gana el que mejor defiende.
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