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Una psicóloga británica propone sumar el análisis nutricional a la evaluación clínica de los síntomas emocionales

La especialista Kimberley Wilson planteó que el cansancio persistente, la apatía y el ánimo bajo requieren una evaluación que también contemple posibles carencias nutricionales, en un abordaje que integra alimentación, descanso y movimiento con psicoterapia y medicamentos según cada caso.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación · · 2 min de lectura
Una psicóloga británica propone sumar el análisis nutricional a la evaluación clínica de los síntomas emocionales

La psicóloga Kimberley Wilson planteó incorporar la evaluación nutricional al cuidado de la salud mental, al considerar que síntomas como el cansancio persistente, la apatía o el ánimo bajo pueden vincularse con carencias alimentarias que la consulta clínica no siempre contempla. La propuesta, difundida por la propia especialista en espacios de divulgación, busca articular la alimentación, el descanso y el movimiento con la psicoterapia y la medicación, de acuerdo con las necesidades de cada persona.

En diálogo con distintos medios internacionales, Wilson sostuvo que la fatiga que se prolonga en el tiempo, las dificultades para concentrarse o el desánimo pueden motivar una consulta en la que también se revise cómo se alimenta y descansa una persona. Desde su perspectiva, resulta pertinente incluir esas preguntas dentro de la evaluación de los síntomas emocionales, junto con los antecedentes personales y las situaciones que generan estrés.

Qué cambia con la propuesta

Qué cambia con la propuesta

El planteo de Wilson apunta a identificar qué factores intervienen en cada caso y a orientar las intervenciones en consecuencia. La especialista aclaró que una persona con experiencias traumáticas puede necesitar un acompañamiento terapéutico especializado, mientras que alguien con anemia o con una alimentación muy restrictiva podría mejorar parte de sus síntomas al corregir una carencia concreta. En ambos escenarios, consideró que la psicoterapia y los medicamentos continúan formando parte del abordaje cuando resultan necesarios.

A quién alcanza y desde cuándo se recomienda

A quién alcanza y desde cuándo se recomienda

La recomendación se dirige a profesionales de la salud mental y de la nutrición, así como a pacientes que atraviesen estados de fatiga, irritabilidad o bajo estado de ánimo sostenidos. Wilson mencionó las vitaminas B3 y B12, el zinc, el selenio y los omega-3 entre los nutrientes relevantes para el funcionamiento cerebral, y aclaró que su insuficiencia no determina por sí misma la existencia de un trastorno mental, aunque puede agravar factores vinculados con esos síntomas. Por ese motivo, propuso investigar posibles déficits ante manifestaciones persistentes.

  • Pescados azules como sardina, salmón y caballa, con al menos una porción semanal, por su aporte de omega-3.
  • Consulta con un profesional de salud para evaluar alternativas de suplementación en personas vegetarianas o veganas.
  • Revisión del sueño, el sedentarismo, el consumo de sustancias, los conflictos personales y el estrés laboral como parte del cuadro general.

Wilson reconoció que los efectos de modificar la alimentación, el descanso y el movimiento pueden tardar meses en percibirse, y advirtió que los cambios de estilo de vida rara vez producen mejoras inmediatas. Su interés por esta relación se afianzó durante su trabajo en la prisión de mujeres de Holloway, en Londres, donde observó dificultades de regulación emocional asociadas con carencias alimentarias. Además, citó ensayos clínicos aleatorizados realizados en cárceles que vincularon la administración de micronutrientes con una reducción de episodios violentos, aunque aclaró que esa asociación no permite explicar toda la conducta de una persona a partir de su dieta.

FP
Florencia PereyraSociedad y educación

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