Unidos por la chacra familiar: reinventan la vida de campo en tres hectáreas de Centenario
Silvana Aiello y Jorge Stelrrig dejaron atrás la nostalgia, se instalaron en la herencia que recibió ella y sostienen la producción con sueldos de la educación pública; su hijo de 17 años ya armó su propia incubadora.

La decisión se cocinó en una charla circunstancial, en la puerta de un colegio, mientras esperaban a sus hijos. Silvana Aiello y Jorge Stelrrig habían coincidido allí durante años sin reparar en que compartían una misma raíz: los dos provenían de familias que habían trabajado la tierra en la zona de Centenario y Vista Alegre, en la provincia de Neuquén, y los dos cargaban el deseo de regresar a ese tipo de vida. Esa conversación inicial, recuerda Silvana, fue el primer paso de un proyecto que tomó casi dos décadas en materializarse.
El matrimonio comenzó a acumular materiales con el dinero que les sobraba de sus sueldos: bolsas de cemento, hierros, ladrillos, todo comprado en tandas, según las posibilidades de cada mes. En el camino fueron ganando confianza, aprendiendo oficios y armando una red de proveedores. Recién hace tres años se animaron al salto definitivo: mudarse a las tres hectáreas que el padre de Silvana, Ricardo, le había legado al morir. La vivienda quedó enclavada sobre la calle 9, en el límite donde se tocan los municipios de Centenario y Vista Alegre, según consta en los documentos familiares.
Qué cambió respecto de la generación anterior
La diferencia con la generación anterior, según describe Silvana, es estructural. Antes la chacra alimentaba a la familia; hoy son los sueldos de la pareja los que costean el forraje, los animales y la mano de obra necesaria para que el campo siga produciendo. La fuente principal de ingresos sigue siendo el trabajo formal: Silvana se desempeña desde hace casi veinte años como secretaria en una escuela técnica, y Jorge se desempeña como empleado en un área de educación de la zona, dependencias que el matrimonio prefirió no identificar con nombre propio para preservar su intimidad laboral. El campo se mantiene como un emprendimiento paralelo al que destinan las tardes y los fines de semana.
“Antes no cumplían horario. Ahora uno tiene su trabajo, cumple, y a la tarde y los fines de semana atendemos los animales. Es otro tipo de estrés.”Silvana Aiello, secretaria de una escuela técnica
A quién alcanza y desde cuándo
La transformación alcanza de lleno al matrimonio y a sus tres hijos, que participan en distintas instancias de la producción, aunque la carga principal recae en Silvana y Jorge. El proyecto tal como está organizado en la actualidad se sostiene desde hace tres años, período que coincide con la mudanza a las tres hectáreas heredadas. La decisión de radicarse allí se apoya en una tradición que se remonta a cuatro generaciones: según reconstruyó la familia, el bisabuelo de Silvana llegó desde Italia con 12 años, alrededor de 1920, y su abuelo fue quien inició la explotación.
Qué se produce hoy en el campo
- Alfalfa sembrada en parte del predio, base de la alimentación animal.
- Gallinas ponedoras y pollos parrilleros criados para venta.
- Conejos criados de manera artesanal.
- Una incubadora armada a mano por Lucas, el hijo menor, para la reproducción de aves.
- Forestación espontánea de olivillo y humedal en la zona donde antes hubo manzanos y perales, hoy sin producción.
- Un tractor antiguo que funciona de manera intermitente y cuya reparación pendiente es una de las deudas técnicas de la familia.
El futuro según cada uno
El proyecto no se piensa en soledad sino en proyección familiar. Lucas, de 17 años, cursa los últimos años de la secundaria con orientación en mecánica y ya maneja su propio microemprendimiento: en el último año crió 600 pollos parrilleros, incursionó en gallinas y conejos, y construyó él mismo una incubadora casera. Una vez que termine el colegio quiere anotarse en la carrera de veterinaria y radicarse en la chacra. Jorge, por su parte, evalúa plantar frutales y viñas para empezar a producir y vender en el mismo establecimiento, un paso que, según describió la propia familia, todavía no tiene fecha definida. Silvana, en tanto, oficia de articuladora cotidiana entre el trabajo asalariado y la producción rural, y resume el espíritu del proyecto familiar con una fórmula breve: lo hacen a pulmón los tres.
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