Virginia II, la mina que se gana a pie en el cauce seco del río La Laja
Una travesía 4x4 parte desde la capital sanjuanina, combina la Ruta 40, ripio y arena hasta dejar las camionetas en una quebrada. El resto se hace caminando entre montañas, donde todavía quedan cascos, rieles y tambores del yacimiento que los vecinos llaman Virginia II.

Les cuento una salida que me dejó con la boca abierta y que, se los advanto, no es para cualquiera. Salimos desde la ciudad de San Juan con rumbo norte por la Ruta 40, dejamos atrás el pavimento y tomamos la antigua ruta de ripio a Mogna. De ahí en más la cosa se pone seria: el piso desaparece y entramos al cauce seco del río La Laja, en un tramo que va quedando entre Talacasto y Mogna. La caravana la comandó Verónica Romaña, de Mainumby4x4, y la verdad es que sin una guía como ella uno se pierde a los dos minutos.
El avance sobre el lecho del río es lento, muy lento. Hay arena, piedras sueltas y material que dejaron las crecientes. Las huellas se bifurcan todo el tiempo y hay paradas obligadas para mirar el terreno y decidir por dónde seguimos. El track que uno lleva en el celular sirve, pero ojo: las crecidas pueden borrar pasos y cambiar el dibujo del río de una salida a la otra. Eso lo aprendí en el momento.
Cuando la camioneta se queda quieta empieza la otra parte
En un punto las camionetas se estacionan en una quebrada y ahí se termina la comodidad. Desde ahí sale un sendero zigzagueante que va trepando entre las montañas hasta los restos del campamento minero. Lo que uno encuentra es bastante impactante: paredes derrumbadas, chapas dobladas, hierros oxidados, tambores metálicos y, lo que más me pegó, cascos, guantes y prendas que quedaron colgadas en el lugar como si los mineros hubieran salido un rato y no hubieran vuelto nunca.
Dentro de las galerías se ven rieles por donde se sacaba el mineral, recipientes para transportarlo, utensilios de cocina y hasta bolsas que habían tenido explosivos, con los cables usados para las detonaciones todavía ahí. Eso sí, aclaro: nosotros entramos pocos metros a una galería y no estoy en condiciones de hacer una evaluación de seguridad del espacio subterráneo. Si van, háganlo con gente que conozca el lugar. No es un paseo.
Lo que se sabe y lo que todavía no
- El yacimiento no tiene nombre confirmado en la documentación pública: los vecinos lo conocen como Virginia II, pero no se pudo cerrar esa identificación.
- No están precisadas las fechas de inicio y cierre de la explotación.
- Se desconoce la cantidad de trabajadores que pasaron por el campamento.
- Tampoco está determinado qué mineral se extraía en el lugar.
- No hay señalización turística, centro de interpretación ni camino convencional: la única forma de llegar es con un track y una camioneta preparada.
Esos restos no son una muestra ordenada ni un museo a cielo abierto. El lugar conserva paredes derrumbadas, piques y labores que están parcialmente tapados por el material que fue cayendo con el tiempo. Esa es justamente la magia y el cuidado que hay que tener: se camina entre historia pero sin invadir, sin llevarse nada y sin meter la cabeza donde no se debe.
La parada que no se puede saltear en el regreso
Volviendo, la caravana hizo una parada que es casi obligatoria si uno anda por la zona: la Ramada de Carrascosa, un sitio que está vinculado con la devoción por Santa Bárbara, patrona de los mineros. Es el lugar justo para bajar un cambio, tomar algo caliente y procesar lo que uno acaba de ver arriba, en la montaña. Si van en moto o en auto y tienen hambre en el camino de regreso, aprovechen para comer un buen sanjuanino en alguno de los puestos que hay en la zona: empanadas, asado y buen vino de la casa no faltan. Yo siempre digo que la mejor manera de cerrar una jornada así es con la mesa servida y la lengua desatada, repasando cada tramo del recorrido.
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