Caimán, el archipiélago donde los caimanes nunca vivieron y las mantarrayas se dejan tocar
Tres islas británicas en el Caribe, una capital financiera con más de 600 bancos registrados, una playa de arena fina que se extiende por siete millas y un banco de arena donde los peces más grandes del arrecife se acercan a centímetros de los visitantes desde hace más de cuarenta años.

Lo primero que llama la atención al llegar a Gran Cayman es el color del agua. Desde la cubierta del bote, antes de ver la isla, se ve el mar: un turquesa pálido pegado a la costa que se vuelve azul oscuro a unos pocos kilómetros. Esa franja de colores cambiantes rodea las tres islas del archipiélago y, según me explicaron guías locales, delata los bancos de arena y los paredones de coral que bajan hacia el fondo. El archipiélago es alargado, cabe en un vuelo de veinte minutos de punta a punta, y aloja a más de 60.000 personas llegadas de más de cien países, según datos del gobierno local.
Playas, naufragios y túneles bajo el agua
La playa más conocida se llama Siete Millas y está en Gran Cayman: una franja de arena fina con agua tibia casi todo el año. Para los que prefieren quedarse en la superficie hay paddle y snorkel; para los que quieren bajar, cada isla tiene su menú de buceo. En Gran Cayman los arrecifes son bajos y hay varios naufragios hundidos a profundidades accesibles. En Little Cayman, el punto fuerte es Bloody Bay, una pared de coral a la que se llega por túneles y grietas submarinas. En Cayman Brac, la isla más oriental, descansa sobre el fondo un buque de guerra rodeado de bancos de peces.
La capital, George Town, es el contraste: además del puerto donde atracan los cruceros y de un Museo Nacional chico con vista al mar, concentra más de 600 firmas bancarias registradas y funciona como uno de los centros financieros del Caribe. El nombre original del lugar, según los registros históricos que repasa ese museo, fue Las Tortugas, puesto por exploradores europeos que pasaron por la zona alrededor de 1503 y encontraron costas llenas de esos animales. Hacia 1530 el topónimo derivó hacia los caimanes que habitaban las aguas y así se quedó, aunque hoy por hoy no quedan caimanes en las islas.
El banco de arena donde las mantarrayas aprendieron a acercarse
A pocos kilómetros de la costa de Gran Cayman hay un banco de arena somero donde vive una colonia de mantarrayas acostumbradas a la gente desde hace más de cuatro décadas. La costumbre empezó cuando los barcos pesqueros descartaban en ese punto los restos de la captura; los animales aprendieron a asociar el lugar con comida y nunca se fueron. Hoy los tours llevan a los visitantes al agua con snorkel y los animales, de entre dos y cinco metros de envergadura, pasan entre las personas, las rozan y se quedan suspendidos a centímetros. Los guías las conocen a cada una por nombre y hacen registros fotográficos individuales para seguir a la población.
- Gran Cayman: la más grande, con la playa de Siete Millas, el banco de mantarrayas y la capital financiera George Town.
- Little Cayman: la más chica y la menos habitada, con los túneles y grietas que desembocan en la pared de coral de Bloody Bay.
- Cayman Brac: la más oriental, con un buque de guerra hundido rodeado de bancos de peces y paisajes más altos y secos que las otras dos.
En la mesa se nota la mezcla: arroces, guisos, pescados fritos y platos picantes conviven en las cartas, y los domingos la costumbre es un brunch extendido después de la misa en las iglesias pequeñas del archipiélago. Por las calles, en algunos barrios, todavía se cruzan gallinas que caminan sueltas, una postal que los locales atribuyen a la ausencia de depredadores terrestres y a la libertad con que se mueve la fauna doméstica.
Si el lector piensa en viajar, hay tres claves que vale la pena tener en cuenta. Primero, definir qué isla prioriza: la vida urbana y el buceo diverso están en Gran Cayman; el arrecife más prístino, en Little Cayman; el buceo de naufragio y el trekking, en Cayman Brac. Segundo, reservar el tour de mantarrayas con operadores registrados, porque son los que mantienen los códigos de acercamiento que hicieron posible esa convivencia de más de cuarenta años. Tercero, entender que se está entrando a un territorio con reglas británicas, moneda propia y una economía financiera grande, así que conviene llevar documentación en regla y revisar los requisitos migratorios antes de comprar el pasaje.
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