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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Flan de café: la receta que se ajusta al gusto de cada comensal

Con huevos, leche, café y un caramelo que tapa el fondo de las flaneras, el postre se cocina al baño maría y mejora de un día para otro en la heladera. La proporción de café define si queda suave o bien cargado.

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Camila ÑancucheoAmbiente y fauna marina · · 2 min de lectura
Flan de café: la receta que se ajusta al gusto de cada comensal

Lo veo desde la cocina de casa, con la pava todavía humeando sobre la mesada y cuatro flaneras de porcelana esperando en la fuente para el baño maría. El flan de café es de esos postres que parecen más difíciles de lo que son: con huevos, leche, café, azúcar y un caramelo líquido que tape el fondo de los moldes, se arma algo que puede ir de suave a bien cargado según la proporción que elija quien lo prepara. Rinde cuatro porciones individuales y, según las recetas clásicas que circulan en cookbooks de repostería argentina, la cocción ronda los 25 minutos a 180 °C, aunque el verdadero cambio se nota al día siguiente, cuando el postre sale firme de la heladera.

La base es la de cualquier flan

La estructura no difiere mucho de la de un flan clásico: huevos batidos, leche y azúcar. Lo que cambia es que parte del líquido se reemplaza por café preparado. Esa proporción es la que define el carácter del postre: a más café y menos leche, el sabor resulta más pronunciado y con ese dejo amargo que a muchos les recuerda al postre de cafetería; a menos café y más leche, el resultado tira hacia lo suave y lácteo, casi como un flan tradicional con un susurro de café de fondo. El dulzor también se puede modular ajustando la cantidad de azúcar, sin alterar la textura.

Baño maría y paciencia

La cocción es al baño maría: las flaneras se acomodan dentro de una fuente con agua caliente que llegue aproximadamente a un tercio de su altura. El horno debe estar precalentado a 180 °C con calor arriba y abajo, y el tiempo de cocción ronda los 25 minutos. Una vez fuera del horno, los flanes se dejan enfriar a temperatura ambiente y después pasan a la heladera. Desmoldar al día siguiente, cuando el postre está bien frío y firme, es lo que garantiza que mantenga la forma al darlo vuelta en el plato.

Se puede servir tal cual, con el caramelo que quedó en el molde escurriendo por los costados, o Sumarle una dollop de crema batida, unas almendras picadas o rodajas de fruta para cortar el dulzor. Si te gusta el café fuerte, podés usar espresso bien cargado y bajar medio vaso la leche; si lo preferís más cremoso, un café de filtro suave y más leche al hilo te va a dar ese flan más blando y delicado que se desmolda de un tirón. Probalo un domingo, dejalo en la heladera hasta el lunes y contanos cómo te quedó.

CÑ
Camila ÑancucheoAmbiente y fauna marina

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