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Un cuarto de siglo después del 11-S: las reglas de seguridad que todavía rigen en cada aeropuerto

Escáneres corporales, límites para líquidos, revisión de calzado y puertas reforzadas: el legado de los atentados que reconfiguró la experiencia de volar, repasado a 25 años de aquella mañana.

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Camila ÑancucheoAmbiente y fauna marina · · 4 min de lectura
Un cuarto de siglo después del 11-S: las reglas de seguridad que todavía rigen en cada aeropuerto

Desde la costa del río, con el ruido lejano de un avión que pasa rumbo al Aeroparque, uno se acuerda de que cada vez que entregamos el DNI en el mostrador y dejamos la mochila en la cinta, estamos cruzando un filtro que no existía antes de septiembre de 2001. A veinticinco años de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, las medidas de seguridad que surgieron como respuesta directa a aquella jornada siguen vigentes en casi todos los aeropuertos del mundo. Para el viajero argentino, que conecta con escalas en San Pablo, Santiago o Miami, conocer esas reglas no es un dato de curiosidad: es la diferencia entre pasar el control en quince minutos o perder el vuelo.

El primer cambio de fondo fue institucional. En noviembre de 2001, apenas dos meses después de los ataques, Estados Unidos creó la Administración de Seguridad del Transporte, la TSA por su sigla en inglés, que reemplazó a las empresas privadas que hasta entonces se encargaban de los controles. Fue el primer paso de una transformación global que, con variantes, llegó también a la Argentina y al resto de la región, donde las fuerzas de seguridad federales pasaron a tener presencia permanente en las terminales.

De los zapatos al líquido del shampoo: los controles que todos vimos aparecer

Dos episodios posteriores terminaron de moldear el ritual que hoy repetimos casi sin pensar. El primero fue el intento de un pasajero de detonar explosivos ocultos en el calzado durante un vuelo interno en Estados Unidos en 2001; desde entonces, la mayoría de los aeropuertos del mundo exige quitarse los zapatos antes de pasar por el escáner, aunque en varias terminales ya se aplica la regla solo al calzado voluminoso. El segundo fue el desbaratamiento en 2006 de un plan para hacer estallar explosivos líquidos en vuelos entre el Reino Unido y Estados Unidos: de allí salió la famosa norma de los 100 mililitros que limita los líquidos, geles y aerosoles en el equipaje de mano.

  • Líquidos en cabina: hasta un litro en total, en envases individuales de 100 ml como máximo, dentro de una bolsa plástica transparente y resellable.
  • Electrónicos: notebooks, tablets y celulares deben salir de la mochila y pasar por la cinta en bandejas separadas.
  • Calzado: hay que sacarse los zapatos en la mayoría de los controles, salvo excepciones en aeropuertos con escáneres de última generación.
  • Objetos prohibidos en cabina: tijeras, cortaplumas, cuchillos pequeños y cualquier elemento punzante van en el equipaje despachado.
  • Puerta de la cabina: reforzada y con acceso restringido a la tripulación durante todo el vuelo.

Detrás de cada una de estas reglas hay un episodio documentado. La norma de los líquidos, por caso, surgió del operativo policial que en agosto de 2006 frustró la colocación de botellas de bebida con peróxido en aviones que iban desde Heathrow hacia destinos norteamericanos. Las puertas blindadas de las cabinas de comando, en tanto, se generalizaron después de que se conociera la vulnerabilidad que aprovecharon los secuestradores del 11-S. Y la prohibición de objetos cortantes en cabina es consecuencia directa del propio modus operandi de los atentados.

Qué puede hacer el lector antes de llegar al aeropuerto

Más allá de las medidas en sí, hay un dato práctico que muchos subestiman y que termina definiendo la jornada: los controles más exhaustivos alargan los tiempos de paso. Para vuelos internacionales, la recomendación general es llegar al menos tres horas antes; para vuelos de cabotaje, dos horas. En temporada alta de julio o enero, conviene sumar un margen extra. Antes de salir de casa, vale la pena repasar la página web de la aerolínea y la del aeropuerto de salida: muchas terminales publican un mapa de objetos prohibidos y recordatorios que evitan sorpresas en el mostrador. En la Argentina, por ejemplo, la información oficial del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos concentra las pautas vigentes para cada terminal. Una preparación mínima —botellita de 100 ml, bolsa transparente, cargador en el bolsillo, documento y pasaje a mano— convierte una cola de cuarenta minutos en un trámite de diez. Veinticinco años después, la seguridad aérea no se negocia; pero conocerla bien es, también, la mejor manera de que no nos arruine el viaje.

CÑ
Camila ÑancucheoAmbiente y fauna marina

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